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La influencia de la vida militar desde 1720 en la Villa de la Real Isla de León hasta finalizar el Siglo XX en la actual San Fernando. Los destinos y cuarteles. Desde los pelones hasta el Capitán General de la Zona Marítima del Estrecho.


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general chafarote

En 1803, fue nombrado Solano Gobernador interino de Cádiz, y Capitán General de Andalucía, prestando señalados servicios con motivo de la epidemia de fiebre amarilla, y acometiendo mejoras locales de gran importancia en el ornato y embellecimiento de la ciudad. Si desde los días del gobierno de O'Reilly había sido Cádiz una ciudad notable por su aseo, gobernando Solano llegó la limpieza, o puede decirse la pulcritud de las calles, al punto más álgido. El pueblo de Chiclana, lugar de recreo entonces preferido de los gaditanos, le debió mucho, haciéndose para él un camino de carruajes bueno y cómodo, y estableciéndose en el caño de Zurraque, que le atravesaba, una excelente barca. Por su actividad y celo en el armamento de la escuadra combinada, y después del combate de Trafalgar; por su caballerosidad, carácter y eficiencia, así en el trato con los jefes enemigos como en el auxilio de náufragos y heridos, y en las demás atenciones que prodigó en aquel trance funesto, le fue proferido en propiedad el cargo de la Capitanía General, siguiendo a su vez con el Gobierno Militar y político de Cádiz.

Solano era, para aquella época, un gobernador celoso y entendido; gozando del favor de todas las clases sociales, y si había quien censurase en él afán de notoriedad y trivialidades todos perdonaban estas faltas, tanto por las buenas providencias que las compensaban, como porque agradaba a un pueblo ansioso de diversiones y deleite un gobernador que se complacía, entre otras cosas, en divertirle.

Había por aquellos días venido a Cádiz el famoso general francés Moreau, de camino para el destierro a que le había condenado el cónsul Bonaparte, encumbrado en aquellos momentos al trono imperial; y Solano, que era bastante cortesano y sabía de la sumisión de nuestro Gobierno al francés, acordándose de que con ocasión de ampliar sus conocimientos militares, y estudiar la táctica francesa, estuvo comisionado en el Ejército de Rin, que operaba al mando del célebre General Moreau, de quien se granjeo el aprecio y amistad por su talento y entusiasmo militar; vio la ocasión de corresponder dignamente a aquellos afectos, suavizando las amarguras del destierro con las atenciones de un devoto discípulo; dejándole Moreau al partir su sable como recuerdo.

No fue sólo en hacerle ver preparativos militares en lo que entretuvo el general español al francés durante la estancia de éste en Cádiz, la cual hubo de prolongarse algunos meses, no sin disgusto de Napoleón, que miraba a Moreau con odio poco disimulado.

Obsequió, pues, Solano a Moreau con un baile, al que asistió numerosa concurrencia. “La mujer del general francés, riquísima americana de las Antillas francesas, no bella, pero agraciada, se presentó con un lindo traje blanco muy ajustado al cuerpo, como era uso entonces llevarlos, y de arriba a abajo rodeado como cadena en roscas con hilos de brillantes ensartados, que al dar vueltas del vals, baile que empezaba a estar en moda en España, brillaban y como que chispeaban reflejando las luces del bien alumbrado salón de baile en que estaba convertido el teatro.”(Memorias de un Anciano.- Alcalá Galiano)


 

Godoy. Cedido por AS de GUIA a www.elguichidecarlos.com



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Así, mientras los hombres contemplaban al General que tanto había dado que hablar en el mundo, y veían en él una figura cuya apariencia en nada sobresalía; las mujeres admiraban, y tal vez envidiaban, la riqueza de aquella señora; riqueza al lado de la cual era poca cosa el lujo gaditano.

No era sólo para obsequiar a un huésped ilustre para lo que disponía Solano fiestas, pues las aumentaba considerablemente sin motivo alguno. El modo de sufragarlas demuestra cuáles eran las costumbres de aquellos tiempos. Mandó el general descontar de las pagas de los oficiales de la guarnición un tanto razonable, o bien podría decirse contra toda razón, y destinó el producto de esta exacción a los bailes, mientras a los comerciantes ricos de Cádiz sacó mucha mayor cantidad, no siendo poca la necesaria para tales fiestas.

Llegada la Cuaresma, en vez de quitarse el tablado que hacía del teatro un salón para los bailes de Carnaval, como entonces no se consintiesen representaciones teatrales desde el miércoles de Ceniza hasta el domingo de Pascua, fue destinado aquel lugar a funciones calificadas de tertulia y conciertos, cuyo gasto se cubría del mismo modo que el de los bailes.

Un suceso simpático vino a suspender esta costumbre. Así nos lo cuenta Alcalá Galiano:”Se acercaba el día de Año Nuevo, no me acuerdo si de 1807 ó 1808, día que celebraba como el de su santo el omnipotente don Manuel Godoy. No era Solano un adulador rastrero, pero no negaba el culto al ídolo por todos adorado, aunque entre maldiciones ahogadas. Así es que convocó a los generales y oficiales superiores de la guarnición de Cádiz para que se celebrase el día del privado con el lucimiento propio de obsequio hecho a tan encumbrado personaje.

Concurrió entre los generales uno célebre en los fastos de Cádiz, por ser una de las figuras más raras que paseaban las calles de aquella ciudad, correspondiendo en rareza su carácter a su figura. Su nombre era don N. Ugalde, pero nadie le conocía (y no había chico ni grande que no le conociese) sino como el general Chafarote. Parecía una momia de puro pegado que tenía el pellejo a los huesos, tenía una nariz enorme y encorvadísima, la barba puntiaguda, y por consiguiente la boca hundida por extremo entre las dos facciones salientes. Jamás vistió frac, ni pantalones, ni abandonó en el peinado los rizos y la coleta. Sombrero de picos puesto de frente; casaca redonda, casi siempre de seda de color; chupa, o igual a la casaca, o blanca con bordado; calzón corto, medias de seda, zapato con hebilla y el espadín recto, o, como decían entonces, atravesado por los riñones, componían su vestidura, sin que de general llevase más que la faja sobre la chupa. Con traje tan insólito añadido a su figura, sostenida en piernas que parecían cañas delgadas, era objeto de admiración a quienes le veían por la vez primera, y como de diversión para todos, aunque de burlas mal podía ser, porque el tal general nada tenía de sufrido, y no era lícito entonces ofender a personas de su clase. Pero los chiquillos, y aun los grandes, solían con pluma o lápiz dibujar un perfil de su persona, siendo ella tal, que era imposible no dar al más torpe bosquejo mucha semejanza.

Era tan extraño personaje maldiciente por demás, y siendo rico y anciano, nada temía; por lo cual siempre que se desataba en vituperios del Gobierno, decía que "él, por sus años, estaba fuera de cuenta", no siéndole posible recibir ya grave daño. Asistió, pues, Chafarote en clase de general a la junta en que propuso Solano costear el obsequio al Príncipe de la Paz; y como todos al oír la propuesta callasen, aceptando con el silencio la carga que a pocos debía de ser grata, llegada la vez al estrafalario anciano, dijo, con gran sorpresa de todos, "que él no tenía trato ni relaciones de amistad con el caballero a quien se trataba de hacer el obsequio, y que si tales relaciones tuviese, medios tenía y voluntad de hacerle un obsequio a su costa particular y no en compañía; pero siendo como era, no veía para qué contribuir él con suma alguna".

Se alteraron los concurrentes, y aun el mismísimo Solano, al oír frases tan osadas cuando se hablaba del príncipe generalísimo y no de un caballero cualquiera; se disolvió la junta sin tomarse resolución alguna, de lo cual resultó no darse el baile ni, por consiguiente, el costoso regalo; lo que provocó más de un alivio.

Los paseos de Cádiz siguieron estando concurridos diariamente, y llenos los teatros; también de que vivir bien y comer bien era allí cosa común, y que en la Pascua de Pentecostés en Chiclana, y en las ferias del Puerto, se presentaba gran gentío que alegremente gastaba sumas, si no crecidas, no despreciables.

BIBLIOGRAFÍA.
Memorias de un anciano.- Alcalá Galiano.
El Ejército y la Marina en las Cortes de Cádiz.- Moya Jiménez y Rey Joly.

AS de GUIA.
Para El Güichi de Carlos.
Julio 2010.


 

Solano. Cedido por AS de GUIA a www.elguichidecarlos.com



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