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La influencia de la vida militar desde 1720 en la Villa de la Real Isla de León hasta finalizar el Siglo XX en la actual San Fernando. Los destinos y cuarteles. Desde los pelones hasta el Capitán General de la Zona Marítima del Estrecho.


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brigadas regulares de honor

Los superiores de las órdenes religiosas de Cádiz se presentan el 2 de Marzo de 1810 a la Junta, ofreciéndose por sí y por ellas para ayudar a la defensa de la ciudad. Muchos religiosos se alistan voluntariamente en la artillería. Con licencia de sus prelados, representantes de cada comunidad se reúnen con los vocales de la Junta de gobierno el 27 de Marzo de 1810, para elaborar el reglamento de un cuerpo que habrá de llamarse Brigadas Regulares de Honor.

Se dispone en él que todos los religiosos destinados a servir la artillería, estarán a las órdenes del comandante de ella. Tendrán además un jefe eclesiástico, llamado superior, si bien subordinado al de artillería, y elegido por mayoría de votos por las mismas brigadas.

Se distribuirán en brigadas de veinticinco a treinta hombres de una misma comunidad; y si el número de los alistados de ella no es suficiente, se completará con los de otra que por sí no pueda formar brigada.

Cada brigada tendrá tres jefes con los nombres de brigadier primero, segundo y tercero, que usarán del distintivo de uno, dos o tres galoncillos delgados de plata, colocados sobre la sangría del brazo (antebrazo), denotando por su número cual es la categoría.

Todos los alistados habrán de tonsurarse, y componer su cabeza cual eclesiásticos seglares; ninguno usará patillas, bigote u otro adorno ajeno e indecoroso a su profesión religiosa; todos, fuera de los actos del servicio militar, seguirán bajo la autoridad de sus prelados; su uniforme será pantalón y casaca corta azul; vueltas, solapa y collarín de terciopelo morado con dos granadas bordadas en dicho collarín, ya sean de seda o de metal, según lo hubiere.

Llevarán bordado en seda u oro sobre el pecho el escudo de su orden; además gastarán corbatín negro, chaleco blanco, sombrero igual al de los Artilleros Voluntarios de esta plaza, con chapa dorada, en cuyo centro se lea: Brigadas Regulares de Honor, y en la circunferencia este lema: Pro Rege, pro Lege et pro Patria. Usarán igualmente media blanca, zapato y botín negro de paño.

El armamento será un sable corto pendiente de fornitura o correaje blanco. El jefe superior vestirá lo mismo y llevará bastón y escudo al pecho con los de todas las órdenes de que haya alistados.

Ninguno de ellos, fuera del servicio, usará este uniforme, cuidando de eso severamente los prelados. El que faltare será juzgado en secreto por su superior y por el jefe eclesiástico de la brigada.
Careciendo de facultades la Junta para ordenar que el religioso capuchino use de camisa y para dispensar que el franciscano o mendicante, que la usa de sayal, la lleve de lienzo, se abstiene de decidir este caso. Lo que los prelados de las órdenes digan, eso y no otra cosa se facilitará por la Junta.

Cuando la brigada de cada comunidad haya de formarse para algún servicio, lo hará en su convento y bajo la voz de su brigadier primero o el que le sustituya en categoría. En cualquier acto que su prelado se les presente, le harán los honores rindiéndole el sable. Irán formados por las calles; se cuidará de que las guardias, que se les señalen, sean en los sitios mas incomunicados con el vecindario.

Auxiliarán a los soldados y a las autoridades en cualquier conflicto sin efusión de sangre, menos en los casos de que interior o exteriormente sea acometida la batería, que defiendan, o no obedecida la voz de un centinela; pues entonces sin peligro de irregularidad pueden resistir con las armas.

Otras más prevenciones tiene este reglamento, prueba de la confusión que se vivía en esos momentos.

Se demoró la fundación de este extravagante cuerpo de Brigadas de Honor y los religiosos alistados y los no alistados pasaron diariamente a prestar un servicio importante a la artillería, que es fabricar cartuchos en el parque para el ejército de la isla, para la escuadra y para la guarnición de Cádiz.

Otros, así como algunos eclesiásticos, hacen guardia como cualquier voluntario durante el sitio.



BIBLIOGRAFÍA.
Adolfo de Castro – Cádiz en la Guerra de la Independencia – Cuadro Histórico.Villaurrutia – Historia de España.

Asociación Histórico Cultural "As de Guía"
Mayo 2010.- Año del Bicentenario de Las Cortes en la Isla de León.


 

Brigadas regulares. Cedido por As de Guía.



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