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la bicicleta

La bicicleta fue el medio de locomoción más popular en “aquellos tiempos”. Quién poseyera una bicicleta tenía grandes posibilidades de trabajar donde fuere tal como veremos a continuación. No se tenía una bicicleta para pasear. Quizás algún que otro joven. La Bicicleta estaba para trabajar y se mimaba.

Las marcas de bicicletas de la época fueran principalmente las BH y Orbea.-

A pesar que todos los que montaban en bicicletas solían llevar detrás del sillín una pequeña cartera de cuero con lo necesario para reparar; una caja de parches, un papel lija para la cámara, , el pegamento, la llave desmontable y el clásico bombillo de aire. En “aquellos tiempos” que llevábamos parches hasta en los codos de los jerseys y rodillas de pantalones, a veces, una cámara de rueda tenía también casi una docena de parches.

Si recordamos la pavimentación de las calles entre que chinos pelúos y cantos de picos ocultaban los boquetes. Lo clásico era pinchar muy frecuente. No era fácil que te diesen dinero para comprar una nueva cámara para las ruedas. Fijaros cómo estaría la cosa que a veces se pedían como regalos de Reyes.

Existían algún que otro taller de reparación de bicicletas y recogidas de pinchazos. También trabajaban el cambio de cámaras, poner derechas “lo radio” doblados con los porrazos o caídas. La dinamo del foco que no alumbraba…. Etc.

Alrededor de la Plaza de la Iglesia existían dos hermanos que poseían talleres de reparación. Fueron mecánicos, como se decía antes. Fueron los hermanos Vila.

Los talleres se encontraban en la calle José Antonio Primo de Rivera (San Nicolás) donde su ubicó hace algunos años el Pub Napoleón se encontraba Manolo, y en la calle de los muertos (Muñoz Torrero) Joaquín. posteriormente en el mismo local comercial se estableció la Cervecería COMI, la de los Collado Miranda.

Joaquín Vila en su taller casi al comienzo de la calle entrando por Rosario frente al Bar El Correo. En ésta esquina era donde se solía despedir a los entierros y ya se sabe…. Quién en un entierro no bebe vino……… Todos al Bar a beber.

Joaquín también alquilaba bicicletas que él reparaba y ponía a disposición de los niños que no solíamos poseer. Recuerdo que en los años 60 nos cobraba 2,50 pesetas por una hora de disfrute. Los chiquillos cogíamos la bici y calle de los muerto arriba buscando el parque a todo “pedá” para no perder un minuto. A medidas de que crecíamos ya nos alquilaba las bicicletas de mayores. Cuando digo la de mayores, éstas nada tenía que ver en la altura del sillín con las que utilizan hoy los adultos. A veces, de lo alto que íbamos ni siquiera podíamos sentarnos. No alcanzábamos los pedales. Las bicicletas de alquiler era dos ruedas, un manillar y cuatro tubo. Lo menos que se despachaba en bicicleta pero claro, no necesitaba farol por que no salían de noche. Timbre no tenía. Había que dar voces para hacerte ver.

Pero claro, las bicicletas de adultos tenían una barra desde el sillín al manillar que le llamábamos “cuadro”.

Merecía la pena alquilar las de adultos ya que si te ibas por las calles dónde se encontraban las niñas que conocías y éstas accedían a montarse, el lugar idónea era en el cuadro… cerca de uno.

Pero al volver a Casa Vila a dejar la bicileta, Miguel si no estaba ocupado con las reparaciones te las revisaba de “pe a pa” por si había bollado el guadabarro. Lo que si recuerdo es que siempre llevábamos las manos manchadas de grasa de tanto poner las cadenas. Se salían que era un gusto”. A veces estábamos más negros que el chimpancés que Miguel tenía en el taller.

En el precio del alquiler conllevaba que te ofrecían una “horquilla” que se ponía en los bajos del pantalón para no manchar los perniles de grasa. Si no teníamos el artilugio, nos metíamos los pantalones entre los calcetines. La cosa era no llegar manchado a casa.

Las bicicletas al igual que cualquier otro vehículo de la época, tenía la obligación de “sacar y pagar” la matrícula municipal todos los años. Se sacaba en la Comandancia de los Municipales.





En el Campo de Deportes Marqués de Varela los domingos cuando jugaba el San Fernando en casa, al entrar por la puerta grande de “preferencia” existía una terreno donde solían dejar las bicicletas el día que la Junta Directiva lo permitía. ¡Qué de bicicletas juntas¡ y todas de color negro. Todas iguales. Pero el dueño conocía cual de ellas era la suya. Por el timbre. Por la matrícula. Por el sillín. Etc.. Recuerdo que también se distinguían por las calcomanías de los escudos de fútbol que se les pegaban en las barras de sillón o cuadro.

Las bicicletas también sirvieron como cabeza tractora a pedal que tiraban con la fuerza humana de los carrillos de manos de los chicucos.

La Isla se recorría de punta a punta y de las huertas a cualquier destino. Algunas bicicletas solían tener un “transportín” detrás del sillín. Era el sitio ideal para llevar amarrada las cajas de pescao, las hortalizas, las barras de nieve y a los viajeros.

A las gentes les gustaba cuidar de las bicicletas como hoy se tiene en casa un perro, gato o cualquier otro animal de compañía. La bicicleta solía dormir en los patios, salita o incluso a veces en el dormitorio del dueño. Lo importante era que no te la robasen y evitar la humedad de la noche para no oxidar. Y no te digo “ná” si se encontraba “niquelá”. Entonces a cada momento se le quitaba el barro. Se engrasaba. Se pasaba el trapo para el brillo. En fin. Era lo que había.

Las bicicletas también fueron vehículos oficiales y solían ser de los siguientes colores según el cuerpo: Policía Municipal. Color negro.

Marina. Color gris.

Ejército. Color llamado caqui en la Isla.

Correos. Color gris uniforme.Como identificación de las mismas, sus matrícula que no pagaban a pertenecer a servicios oficiales consistía en una placa colgadas del cuadro que las identificaban.

¿Quién de los que vivimos en “Aquellos Tiempos” no recuerda las grandes colas de bicicletas de trabajadores que se dirigían al Consejo, La Carraca o Fábrica de San Carlos?.

Por la entonces conocida como carretera de la Diputación (hoy hacia la barriada Bazán y La Carraca), hombres todos vestidos en color gris y cubriéndose la cabeza con boína, soportaban los fríos y agua que traían aquellos inviernos más “inviernos que los de hoy”.

Desde los pueblos de Chiclana y Conil venían diariamente paladeando en grupos por aquellas carreteras difíciles de circular. Ida y vuelta por supuesto diariamente. Desde el control pasando por el ventorrillo del Corral y la venta del “Inesperado”, subían el Puente Zuazo y antes de llegar a la curva de la Venta de Vargas, dejaban atrás también las ventas existentes entre la vieja Venta de Ureña XXXXXXXXXXX y el puente.

A estos deportistas por la ocasión y en buena forma física aún les restaba varios kilómetros hasta llegar a sus destinos.

Pero buena parte de ése grupo de ciclistas continuaban por la calle Real camino hacia Cádiz, a estos hombres les faltaban más de quince kilómetros aun hasta llegar a los Astilleros.

Como decía anteriormente, por la tarde noche, al terminar los trabajos, volvían a cruzar y salir de San Fernando hacia sus pueblos de origen.

Los grupos de ciclistas todos cogidos a un mismo ritmo de marcha ya se formaban según los operarios de cada destino. Si alguno de ellos pinchaba que era normal, un grupo de compañeros se quedaban rezagado hasta conseguir poner el parche y llenar la cubierta con el bombín.

Aquellas viejas bicicletas principalmente de las marchas “ORBEA” y “BH”, de ruedas de 80 o 90 centímetros de diámetro no tenían como hoy doble piñón o varias marchas. Sólo tenían una. La fuerza y la preparación física del hombre.

Aquellos hombres no sólo por la situación que se encontraba el país eran delgados. No, la bicicleta también contribuyó a no engordar y que no se hablase tanto del colesterol y triglicéridos.

No olvidemos que también se alquilaban las bicicletas en casa de Vila y otros.


El Güichi de Carlos.
Con la colaboración de Antonio Sanz y Juan J. Maruri
Diciembre 2009
1810-2010.- 24 de Septiembre. Bicentenario de Las Cortes. Comienzo de la deliberación y aprobación de los decretos de la primera Constitución española de 1812 (La Pepa), en la Villa de la Real Isla de León.

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1943.- Devesa en bicicleta. Devesa y Cipriano ambos jugadores del CD San Fernando por la calle Real en bicicleta. Curiosidad de la fotografía: la altura de la bicicleta; las farolas artísticas pintadas en color gris y el calzado de ambos deportistas. Fotograía cedida por la familia Sepúlveda Devesa a El Güichi de Carlos.



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